El tópico del "mundo como teatro" es muy antiguo, y la metáfora inspira el nombre de la serie Antropocénica, en el sentido de escenario-arena-lugar de las escenas humanas, sugiriendo las humanidades que actuaron — y actúan — en la transformación del Mundo; esto es, fuerzas que obran en la construcción de paisajes propios y representan ese dominio. El teatro es el ambiente en que la narrativa temporal escénica fluye a través de las representaciones humanas. Se actúa en el tiempo sobre el territorio, entendido éste como lugar geográfico donde se localizan, en una cierta época, procesos dinámicos que, finalmente, caracterizan el tiempo histórico: de ahí que podamos hablar de narrativas, tanto en el sentido de las resultantes expresivas de ese actuar, cuanto de las memorias inscritas en los paisajes habitados y vivenciados, incluyendo los de las ruinas.
El teatro, en su arquitectura clásica — originada en Atenas en relación con el culto a Dioniso (Διόνυσος) — es la forma ejemplar de un ritual siempre colectivo. Y dotado de potencia cosmopolítica. Es un lugar investido en los rituales de la conmutación, liturgia escénica por excelencia, en la puesta en escena que así instaura otras dimensiones espacio-temporales, efímeras, aunque el argumento explicite y provoque en los participantes del rito sentidos más perennes o atemporales: ya sea en el escenario, ya en la cavea, todos los seres allí presentes son envueltos por la esfera dramatúrgica, que instaura esa dimensión continente, en una vivencia comunal transitoria que con frecuencia evidencia realidades profundas, existenciales. Lidia con las máscaras, revelándolas como tales, amplificando la esencia de lo representado. Las máscaras investidas de anima en escena son como espejos para la cavea social. Contracenar en esa dinámica ritualística expone la propia política y desnuda lo humano en cuanto conflicto, a partir del rito-puesta en escena. Por eso el teatro, en su esencia — antes de su devoración por la industria del entertainment — es el lugar propicio al arte de la catarsis y del trance. En el tiempo presente, revisitar esa antigua metáfora nos ayuda a reflexionar sobre las escenas del drama humano en el teatro del mundo en mutación, y a actuar en una lucha contra las fuerzas del capitalismo, que explotan y devoran la Tierra y sus seres, en el extractivismo pleno que la reduce a mero teatro de operaciones capitalistas — expresión militar, por cierto.
En portugués, el neologismo Antropocênica — del griego anthropos + escénica (i.e. el ser en su escena) — incorpora la dimensión teatral, y también la perspectiva del trance humano, y apunta además hacia el Theatrum Orbis Terrarum (Teatro del Mundo), de Abraham Ortelius — obra publicada en Amberes en 1570 (la editio princeps es reconocida como el primer atlas moderno) — y hacia su frontispicio, con alegorías de los continentes bajo la égida de Europa: una representación simbólica del dominio imperialista, en el siglo en que la colonización se propaga a escala global, por rutas marítimas hacia los territorios que, progresivamente, fueron devastados y técnicamente cartografiados.
Silvio Luiz Cordeiro