Estructuras fragmentarias que permanecen en el presente como testimonios de la historia de los paisajes — sobre todo urbanos — en los vestigios arquitectónicos que componen la memoria de los lugares: evidencias remisivas a las temporalidades pretéritas; existencias decaídas situadas en un determinado territorio — sea este un tejido urbano anterior — presentes así, y en contraste con lo que existe en el presente, una ciudad contemporánea, por ejemplo. En este sentido, se relacionan directamente con el concepto de palimpsesto.
Tales estructuras, inscritas en el paisaje vivido y documentadas en imágenes, transgreden la frontera temporal entre el presente y el pasado. Nadie permanece indiferente ante ellas: las ruinas provocan el ser y el estar en el mundo; se evocan desde sentidos contemplativos y apreciaciones estéticas hasta el rememorar crítico de hechos violentos y las reflexiones sobre la finitud. Sobre las ruinas — como presencia significativa en el paisaje, como dimensión sensible en el reconhecimiento de los vestigios físicos de antaño — podemos pensarlas como espacios del Tiempo, tanto como en ellas redescubrimos las temporalidades del Espacio habitado.
Diversas ruinas, valoradas como patrimonio histórico con énfasis en relaciones culturales identitarias, han servido (como aún sirven) a fines políticos cuando son movilizadas dentro de imaginarios y narrativas elaboradas por compromisos nacionalistas —monumentos nacionales e incluso transnacionales, por ejemplo — que buscan legitimar los orígenes (frecuentemente míticos) de las naciones modernas, apropiándose de ellas para difundir determinadas ideologías, incluidas las filofascistas. Imponentes, las ruinas representan el potencial artístico y el ingenio técnico de las civilizaciones antiguas: transmiten valores culturales, morales y símbolos de poder.
En el Antropoceno, las ruinas nos ofrecen una cierta medida de las transformaciones; se revelan como escenas del drama humano relacionado con las temporalidades de cada localización, en el sentido del concepto de Milton Santos en Espaço e Método / Espacio y Método (2008), al comprender la localización, en sus palabras, como "un momento del inmenso movimiento del mundo, aprehendido en un punto geográfico, un lugar". Al distinguir localización de lugar, comprendemos que "cada lugar está siempre cambiando de significación, gracias al movimiento social: en cada instante las fracciones de la sociedad que le corresponden no son las mismas"; por eso, también en voz del geógrafo, "la localización es un haz de fuerzas sociales que se ejercen en un lugar".
Silvio Luiz Cordeiro