En el tiempo presente, vemos que una parte significativa de la humanidad — produciendo y alimentándose de imágenes — habita mentalmente su potente mundo nuevo: la cibernética, la robótica y la telemática han expandido los horizontes, pero la instantaneidad de las redes ha aprisionado al ser humano en las tramas de la PANTALLA°ELEKTRÓNIKA. Pero esta humanidad existe, físicamente, dentro de un cuerpo social mayor cuyos miembros consubstancian un Planeta-Urbe. Como el mayor artefacto cultural y sociotécnico producido por los seres humanos en la historia de su existencia transformadora, la ciudad es la resultante que expresa el ingenio técnico de construir el hábitat artificial. En el imaginario sugestivo de la potencia humana para someter la Tierra al modo de vida urbano contemporáneo, que expande su influencia e impactos difusos, Coruscant es la distopía que se (con)funde con la propia idea de la Tecnosfera.
En años recientes, retomando imaginarios proyectados mucho antes, se ensaya el gran espectáculo expansionista fuera de Gaia, donde ya no se vive sino que se sobrevive: abandonada, en ruinas propagadas por el extractivismo pleno de la explotación capitalista progresiva, nuestra morada colectiva en el Cosmos — la misma morada de otros seres, no humanos — fue reducida a un mero teatro de operaciones de una civilización que ya se ha distanciado de la Naturaleza, en una ruptura sensible y utilitaria, para extraer de ella todo aquello que debe servir a los engranajes de la máquina devoradora, que produce, consume y se reproduce bajo este modo de vida.
La Élite-Elegida quiere colonizar otras Spheras: para ello perfeccionó el misil y así construyó el cohete espacial. Pero antes de la expansión neocolonial planificada, extraterrestre — la de fundar colonias en la Luna y en Marte, por ejemplo —, ella puede llegar a la nueva tierra prometida de los imaginarios propagados por las inversiones capitalistas, que contratan devaneos arquitectónicos e ingenio hi-tech, en el espectacular risco de toda nueva urbe (pues toda megaobra es una gran oportunidad para extraer plusvalía). El término que utilizo es ambivalente: el sustantivo risco remite tanto al dibujo proyectual como a la probabilidad de peligro y amenaza. Y más aún: al utilizar esta palabra, me refiero al verbo — más allá del significado de proyectar e instaurar una imagen — un diagrama trazado en el suelo del terreiro* / territorio es un acto del poder de invocar —, revelándose la propia intención del gesto, que envuelve el sentido de transformar una situación anterior, incluso para suprimir, borrar, expulsar. Tal gesto está representado de forma ejemplar en el acto creativo de la ciudad capital de la joven nación del nuevo mundo a los ojos del colonizador: el erudito arquitecto modernista describe así el diagrama arquetípico que funda Brasilia — nacido, en sus palabras, "nascio del gesto primario de quien señala un lugar o toma posesión de él: dos ejes cruzándose en ángulo recto, es decir, el propio signo de la cruz."
Urbanizar es el acto más expresivo de la civilización que todo lo modela, como percibiera Debord (1967), a partir de una técnica precisa que actúa sobre el territorio, la base física de sus acciones; así, dijo él en la tesis 169, síntesis que reproduzco en traducción libre: "el urbanismo es esa toma de posesión del entorno natural y humano por el capitalismo que, desarrollándose lógicamente en dominación absoluta, puede y debe ahora rehacer la totalidad del espacio como su propio escenario." Años antes, Mumford, siempre crítico y atento al poder, afirmó en The City in History (La Ciudad en la Historia), publicado en 1961, que, en su época, "procesos cada vez más automáticos de producción y expansión urbana habían desplazado los objetivos humanos a los que debían servir." Una síntesis potente de estas ideas puede encontrarse no en los textos de los muchos pensadores que se han ocupado del tema, sino en esta narrativa visual: en Le Domaine dex Dieux (El Dominio de los Dioses), de 1971, Goscinny y Uderzo imaginan la estrategia de César contra la aldea rebelde de Astérix — un proyecto de ciudad concebido como un "parque natural", que, una vez implantado en ese territorio tras destruir el bosque, obligará a los galos a "aceptar" la civilización, sometiéndolos al poder de Roma, "condenándolos a adaptarse o a desaparecer".
* Terreiro és lugar, templo, espacio ceremonial donde se celebran los ritos de los cultos afrobrasileños.
Silvio Luiz Cordeiro