Toda creación implica riesgos. Riscar (como trazar una línea) es el gesto primordial de la arquitectura al expresar las formas imaginadas. El espectacular risco (como trazado de una nueva ciudad, por ejemplo) transformó el paisaje anterior, borró del mapa antiguas evidencias vestigiales de quienes habitaron el lugar en el pasado, expulsó a la gente pobre hacia las periferias, y alteró sobremanera contextos de equilibrio entre seres humanos y no humanos que allí vivían mucho antes. Término ambivalente, el risco crea y destruye. Hay todo tipo de riesgo evaluado en el cálculo capitalista del extractivismo pleno, que progresa y marcha sobre el mundo. Es factor crucial en el teatro de operaciones de los frentes expansionistas y (neo)coloniales de una sociedad del riesgo — como Beck evaluó en su libro homónimo (1986) —, que es también una sociedad del espectáculo, esa potente disección crítica del mundo elaborada por Debord (1967). El risco resulta de la voluntad, el deseo y la necesidad. Está siempre presente en la actuación del ser humano, inscrito a hierro, fuego y símbolos en la historia de esta presencia en la Tierra.
* La polisemia de la palabra risco en portugués no se encuentra en una única palabra en lengua española. Por ello, la traducción introduce expresiones que explicitan los sentidos que risco posee en la lengua del texto original.
Silvio Luiz Cordeiro