El sueño eléctrico. Violencia civilizada. VIDA EN GUERRA, MÁS ALLÁ DE LAS GUERRAS DEL CAMPO DE BATALLA, GUERRA TOTAL, LA GUERRA COMO MODO DE VIVIR, el precio que pagamos por la búsqueda de nuestra felicidad tecnológica.
CIRCUS MAXIMUS
En esta mise en scène, nuestro sujeto es ritualizado como una invasión del entretenimiento, un irresistible rayo tractor de imagen — un modo de combate, adicción y aislamiento. Este seductor resplandor de tecno-fascinación transporta a sus devotos a un estado de espectación, una condición opiada que requiere cuidados intensivos para sostener este placer intravenoso. Con fe ciega y atención extrema, la masa consume sin cuestionar, bajo luz artificial, la imagen producida de un espectáculo viviente. Al ser parte de la naturaleza, lo que vemos y escuchamos, nos volvemos; nos volvemos lo que hacemos, nos volvemos nuestro entorno. Información, poder, dinero, sexo, fama, salud, felicidad tecnológica se convierten en las 'claridades', las distracciones seductoras que adormecen nuestra sensibilidad ante la presencia de un evento mayor.
Desde el punto de vista del Escenario, nos aproximamos a este evento con el reconocimiento del medio como el contenido. Este contenido, el sueño eléctrico, se convierte en nuestro sujeto. Es tan ubicuo como el aire que respiramos. La tecnología es la atmósfera. Impulsa las rutinas ritualizadas del vivir cotidiano ordinario. Es el evento principal. No usamos la tecnología — la vivimos.
VELOCIDAD DE ESCAPE
En vehículos de éxtasis, con motores cinematográficos de inercia, a velocidad audiovisual — trans-porte y tele-porte se funden en uno. El comienzo se vuelve el fin. El puerto desaparece en la velocidad de la luz. El nanosegundo, la velocidad tecnológica, transforma la realidad al crear un fenómeno extático de intensidad y duración convincentes y sin parangón. A la medida de la capacidad humana, la técnica carismática presagia lo milagroso. La aceleración eléctrica puede describirse mejor como 'velocidad de escape' — un evento que difumina las percepciones humanas, destruye todo significado, agota todo contenido, rompe los vínculos con la tierra — produciendo un mundo que nuestro lenguaje ya no puede describir.
En la explosión sobrenatural de la Fuerza G, los anclajes humanos ceden, enviando al Homo Sapiens fuera de órbita hacia el vacío del espacio. La consiguiente pérdida del hábitat original y la subsiguiente reubicación en el espacio acelerado arrojan a la naturaleza hacia la catástrofe, al engendrar el 'normal' síndrome de estrés traumático como la condición ahora normal de la existencia posthumana. La velocidad crea, posee y domina la unicidad homogeneizada del mundo global. Todas las ubicaciones son subsumidas en la sorprendente terra firma de la imagen, una estrella binaria sostenida por la gravedad del nanosegundo, donde el tiempo cabalga la velocidad de la luz. A la sombra de esta masa, todas las definiciones anteriores se desmoronan. El iluminismo eléctrico incendia el nuevo panteón. El 'tiempo' y el 'espacio' de la historia salen hacia una zona homogeneizada sin retorno.
La técnica, al prometer comodidad y felicidad, significa poder, significa control, significa destino. El ritmo explosivo de la tecnología es guerra; la violencia indecible de la reubicación en la tecnología es guerra. En esta reubicación, el misterio de la presencia humana, imperfecta en sus límites, cede ante la certeza tecnológica.
Este texto es el escenario de trabajo para mi película NAQOYQATSI - Vida como Guerra*, la tercera de mi Trilogía Qatsi. El año fue 2000 cuando lo escribí.
Godfrey Reggio
* NAQOYQATSI
na . qöy . qatsi (na koy' kahtsee), n.
de la Lengua Hopi, < unos a otros — matar muchos — vida >.
1. una vida de matarse unos a otros. 2. la guerra como modo de vida. 3. (interpretación) violencia civilizada.