Šukalu / Sueño   |   PT  /  EN

Šukankana — soñar o estar soñando en una canoa.

Šukalu: soñaba que iba navegando en una canoa de corteza, angosta, apenas entraba recostada, iba desnuda. Remaba muy contenta, me sentía libre. También veía ahí a mi abuela, la veía entrar al mar, también desnuda. Creí que no sabía nadar, pero la vi tan libre nadando, más era mi sentimiento de alegría...

En la cultura yamana, el sueño es el puente hacia los acontecimientos pasados y los que vendrán. Sucesos que han quedado grabados en las capas invisibles del espacio sideral, y que durante el sueño normalmente el yakamuš (chamán) tiene la capacidad de: šukanteki / ver en sueños, y luego develar estas imágenes a quienes corresponda el mensaje. Como si al despertar estas representaciones del inconsciente se hacen inteligibles a la realidad material.

Los Yakamuš sueñan frecuentemente. Y por la mañana se habla, se informa de los sueños en la choza familiar. También ellos pueden actuar profesionalmente en sus sueños. Con su intensión, se duermen y se trasladan al lugar donde deben actuar. Así ha quedado registrado en los relatos orales de esta cultura: … se acostó en su lecho y se durmió…; en sueño mató una gran ballena, ésta se acercó inmediatamente a las cercanías del campamento y él mismo se trasladó al interior del animal...

Algo similar sucede en la cultura selknam, especialmente para el Xon (chamán), wsk’ohr sus sueños son imprescindibles para obtener las imágenes que le revelarán las situaciones futuras. O suelen ponerse en estado de sueño frente a una curación de enfermos o durante el traslado de su yauater (visión espiritual) a un punto lejano.

Acaso, no todo es un sueño, cuál es la diferencia entre estar despierto dentro de una historia, y estar durmiendo en una historia. La vida se divide entre día y noche. En la noche vemos menos, haciendo parecer que sucede menos, y aquí los sueños adquieren presencia superior. Y en el día, cuando soñamos despiertos movilizando el inconsciente, como mundo conector entre el pensamiento y el espacio astral nocturno.

Y ahora, pasando a la realidad racional, donde este mundo se oculta, la fantasía y la imaginación ya no son bien vistas, cuando se quiere comunicar con toda la exactitud coherente del lenguaje. Donde todo se quiere entender, explicar, lo que no se ve en concreto, no existe, ante las limitaciones intelectuales. Porque necesitamos decir cosas correctas apartadas de la fantasía, de las imágenes.

Una facultad que es característica de la mente primitiva. Como dice Carl Jung, el primitivo sigue dándose cuenta de esas propiedades psíquicas; dota a animales, plantas o piedras con poderes que nosotros encontramos extraños e inaceptables. Porque en el mundo del hombre primitivo, las cosas no tienen los mismos límites tajantes que tienen en nuestras sociedades “racionales”.

Acá se encuentra una consciencia en otro nivel de desarrollo, el alma y el alma selvática.

Esta última se encarna en un animal, árbol o persona, con quién conecta de forma especial. Si el alma selvática es la de un animal, a éste se le considera una especie de hermano del hombre.

Un yamana, en sueño, vio venir a su hermano en un hašuwapisa (ballena azul). Poco después él murió.

Se cuenta de este hermano, que cierto día caminando por la costa, un hašuwapisa emergió del agua y lo miró fijamente. Al poco tiempo este hombre murió. Y ahora él vino a buscar a su hermano en hašuwapisa quién anteriormente se había llevado su espíritu. Ambos habían reconocido su alma, través de la mirada del hašuwapisa.

...y me habló de un hilo invisible, como un sueño…

Un hilo antiguo invisible,

que teje la humanidad desde el principio, que nos dirige,

y que nos hizo encontrar como destino.

Cristina Zárraga Ikamanakipa