Sustantivo del espíritu y de toda materia viva encarnada en la tierra y quizás en otros confines del sistema solar. De las hojas de las plantas y hierbas a las aguas dulces y saladas, del suelo de los terreiros de candomblé y umbanda a los suelos del teatro, de los bosques de galería a los ríos que corren bajo nosotros en las ciudades — entidad significa: todo lo que evoca la presencia. Tocar el misterio, dar materia a lo invisible y a lo indecible, dar cuerpo a lo imposible, dar a luz todas las vidas, de los dinosaurios a la estratosfera, de los caboclos del monte al fuego fatuo, de la alegría guerrera a la catarsis de la lucha — entidad es todo aquello que gira y venga la vida, ya sea como aparición o levantamiento, magia o asombro, fundamento o misterio, sueño o asentamiento. Entidad es tener la cabeza hecha y en el corazón un sismógrafo atento a los temblores sísmicos de todo lo que estremece. Entidad puede ser muy simple — el instante ahora, el tiempo, aquello, aquella o aquel o más allá, que sostiene el cielo sobre nuestras cabezas. Entidad es también lo que se encarna: son los caballos — sean ellos humanos, centauros o los bellos animales de crines y cascos — que reciben las direcciones, el misterio, lo que no se ve. Es el más allá–personaje, el ser–entidad, que en el teatro recibe el golpe del martillo sobre el yunque y el fuego de la imaginación. Son direcciones, como quien dice camino: destino.
Cafira Zoé y Camila Mota