Nómade   |   PT  /  EN

Cuenta la leyenda que un grupo de familias en un éxodo llegó a la costa norte del Onašaga, siguiendo hacia el oeste hasta la región de Yaiošaga, donde se establecieron.  

En aquel entonces el poder era ejercido por las mujeres, fueron ellas las que celebraron antes que nadie las ceremonias del Kina.  

Este mito quizás puede ser, el principio espiritual de nuestra cultura Yamana. Como leí en un texto antroposófico; el nomadismo, como una etapa de movilidad donde el ser humano aún no estaba fuertemente arraigado a la materia y mantenía conexión con el mundo espiritual...

Los Yamana se consideran un grupo impresionantemente inquieto, nunca permanecen mucho tiempo en un mismo lugar. Construyen sus chozas y están ahí un par de días hasta sentir el impulso de partir nuevamente. Por esa inquietud interior que les mueve, una inquietud innata propia de su ser, que se asemeja a los pájaros, en una región inhóspita y ante las fuerzas naturales salvajes del territorio. 

Atravesando largas distancias en su frágil canoa. El mar era su principal fuente de alimentación que les abastecía durante todo el año su sustento. Nómades del mar.

Me parece interesante que esta inquietud interior aún corre por nuestra sangre, así se vive aún entre las familias Yagan en Navarino, lo percibo cada vez que estoy entre ellos, y también en mi. Por ello, es tan contradictorio que estemos hacinados en un sólo lugar, mientras que nuestra ansia nos impulsa como el viento a estar siempre en movimiento.

Navegar libremente hoy es casi imposible, ya hay propietarios del mar y de la tierra. Creando normas y requisitos que nunca un Yamana hubiese imaginado, ni cuando vieron aparecer las primeras embarcaciones europeas. Dirigidas por capitanes hombres y blancos. Entre los Yamana la navegación era exclusividad de la mujer, era ella la capitana de la canoa. Con la llegada del europeo esto fue devastado. Luego las misiones y sus esfuerzos para acostumbrar a los indígenas a una vida sedentaria, agrupándolos en vivienda normales, con falta de aire y fuego, provocó las enfermedades y el desarraigo. Sin embargo, la inquieta vida nómade de los Yamana, no permitió del todo en esa época mantener el encierro, porque el instinto migratorio les obligaba a realizar sus ocupaciones tradicionales, la búsqueda de alimentos en una vida inestable, una vida existencial.

Hoy esta clase de nomadismo, no se trata literalmente de navegar o armar campamento todo el tiempo en diversos sitios. Sino más bien, que estamos aferrados a un pasado, que aún persiste en nuestro inconsciente, que despierta esa libertad interior. La huella que muchos llevamos y que nos hace mover y pensar como nómade, sin la necesidad explícita de viajar.

Esta consciencia nómade se ha querido prolongar en este mundo físico, industrializado y centrado en el capitalismo, dejando atrás el desapego, la flexibilidad. Hoy la consciencia nómade es golpeada por los modelos de estandarización global, jerarquía y control. Enemigo de lo diferente, del movimiento libre, de lo espiritual. Nomadismo como resistencia y desafiando estos sistemas, tal vez una forma más armónica y respetuosa de relacionarse.

Desde que nací, sentí que no tenía origen. Vivimos en tantos lugares. Luego seguí el mismo camino, y en todas partes era lo mismo, luego comprendí que las raíces se llevan consigo, que la tierra es una, que si somos lo que somos, los recuerdos y la experiencia nos sostendrán con un pensamiento propio y genuino.

Nuestra alma siempre seguirá siendo nómade en el cosmos, pues,

nuestra intima naturaleza es nómade y espiritual.

Cristina Zárraga Ikamanakipa