Arqueología   |   PT  /  EN

Tiempo y Espacio, dos dimensiones conexas, en la medida de la vivencia y experiencia sensible del Humano en la Tierra, pero también más allá de ella, considerada la perspectiva tecnológica de la exploración espacial, que propicia la colonización de lugares extraterrestres (la Luna y Marte, por ejemplo) en el porvenir próximo. Entre las ciencias humanas, la Arqueología — o, propiamente, las Arqueologías, reconociendo la pluralidad de vertientes que caracteriza esta disciplina desde décadas recientes — se elabora a través de estudios que siempre dialogan con tales dimensiones. O mejor aún, que las interconecta mediante la construcción epistémica de puentes imaginarios, en el ejercicio entre dos instancias de percepción y análisis — Pasado y Presente — al examinar los sitios y objetos situados en los paisajes indagados por investigaciones arqueológicas, recurriendo a técnicas específicas.

Sin embargo, comparece la tercera instancia de la habitual tríada que divide el Tiempo (una división reductora, por cierto — un problema limitante, en la medida en que avala la imagen conceptual de la línea del tiempo), cuando la Arqueología contribuyó a que reconociéramos en las acciones antrópicas estudiadas tendencias o factores que evolucionan, cambian, se alteran; y que así pueden influir en la configuración de escenas y escenarios del Futuro. En una palabra, podemos sintetizar lo esencial que ella, como ciencia humana, interpreta, identifica, traduce: la Transformación (vale destacar la conjunción sugerida en este término, de ambas dimensiones antes referidas). En este sentido, la disciplina lidia con procesos de finitud, pues su materia prima, elemental, son restos, fragmentos, ruinas. Puede ser comprendida como una ciencia que produce — siempre en algún momento inscrito en el contemporáneo, es decir, en el tiempo actual de quien ejerce la Arqueología — narrativas de las diversas formas de Humanidad, que afectan el imaginario colectivo cuando se difunden, porque involucra (y revuelve) imágenes y sentidos en varios niveles; e interesan, porque provocan la memoria social y nos ofrecen un cierto puerto donde anclar referencias existenciales, de nuestra experiencia como seres que habitan y transforman progresivamente, desde hace mucho tiempo, el planeta; y que, en su jornada por expandir fronteras, se aventuran fuera de él.

Esta ciencia escribe la historia de quienes no la escribieron — o que la escribieron, pero mediante códigos hoy inaccesibles para nosotros, como ocurre en muchas pinturas y grabados rupestres — y así desvela trayectorias, en la larga duración, por múltiples vías de penetración, hasta llegar a los recovecos vestigiales de nuestra especie y de aquellas ancestrales, aún más antiguas, de especies que nos precedieron, en el alcance de un tiempo remotísimo, cuando homínidos habitaron y transitaron por territorios, expandiendo sus horizontes de dominio. Tal ciencia puede así dar voz, interpretando los testimonios físicos remanentes, a aquellas existencias pretéritas, narrando la historia de seres que, en el fluir del Tiempo, se transformaron al mismo tiempo que transformaron el propio Espacio habitado, construyendo sus diversos paisajes culturales, hasta la forma difusa del ambiente ultraartificial que se presenta en la actualidad: los paisajes urbanos contemporáneos, hiperedificados, repletos de acentos verticales. Siglos adelante, milenios incluso, ¿qué se dirá de nuestra presencia en este Tiempo hoy vivenciado? ¿Qué será interpretado arqueológicamente — si la disciplina aún existiera de algún modo — de los vestigios humanos bajo el Antropoceno, ya sea aquí o en otras esferas del Espacio sideral?

Silvio Luiz Cordeiro