Animal   |   PT  /  EN

Pensar el concepto de "animal" es ir más allá de la categoría zoológica. Se trata de considerar la potencia política y ontológica que emerge al situarlo en la intersección entre antropocentrismo, supremacía blanca y carcelariedad. Encontré en la obra de Machado de Assis una vía expresiva y crítica para interpretar la condición animal en la sociedad humana. Tomando como lente diagnóstica la ficción decimonónica de este autor brasileño, el término indica la operación mediante la cual el poder vuelve desechables ciertas vidas al situarlas fuera de lo "humano". Antropocentrismo y antinegritud son co-constitutivos: la distinción humano / animal y la distinción blanco / negro son tecnologías de dominación que se refuerzan mutuamente y que emergieron juntas a raíz del comercio transatlántico de esclavos.

El crítico Roberto Schwarz señaló, en un texto célebre, el diagnóstico machadiano de las "ideas fuera de lugar" en la élite brasileña de fines del siglo XIX, a la vez señora de esclavos y fervorosa devota de los ideales revolucionarios franceses de fraternidad, igualdad y libertad.

Machado dramatiza ese desajuste en obras tales como A Causa Secreta / La Causa Secreta (1885), Conto Alexandrino / Cuento Alejandrino (1883), Crônica dos Burros / Crónica de los Burros (1892), Memórias Póstumas de Brás Cubas / Memorias Póstumas de Brás Cubas (1881) y Quincas Borba (1891), donde una lectura zoocrítica revela la polinización cruzada entre las estructuras esclavistas y antropocéntricas de poder: la violencia ejercida sobre cuerpos esclavizados y la violencia ejercida sobre cuerpos animales emergen como caras de una misma lógica de dominación. Las "ideas fuera de lugar" pasan, así, a describir no solo la disonancia entre democracia y esclavitud, sino la propia lógica disimulada de la animalización: las retóricas mediante las cuales el poder social, político y económico de las élites justifica la violencia como razón, cuidado o incluso liberación, vaciando el lenguaje de cualquier sentido estable.

La animalización está ligada a la epistemología ilustrada criticada por Michel Foucault, para quien la clínica moderna y el discurso de la objetividad científica emergen junto a los ideales revolucionarios de perfeccionamiento social. "Animal", aquí, nombra el campo epistémico sobre el cual se construyen tanto el humanismo liberal como su violencia. Según Dinesh Wadiwel, Foucault reconoció la "animalización" como estrategia política para racionalizar la violencia contra humanos marginados (los locos, los criminales, los anormales), pero jamás extendió su crítica al especismo que vuelve pensable esa violencia. Machado diagnostica tempranamente la amalgama del liberalismo con la violencia — una violencia inherentemente racializada y conectada, de modos ni consistentes ni cronológicos, a la creación de una categoría de enemigos animalizados. Es central al concepto ese entrelazamiento entre animalización y criminalización / encarcelamiento. Prisión y laboratorio de experimentación funcionan como espacios carcelarios complementarios; la degradación de criminales a un grado subhumano "animal" recurre históricamente a la figuración de poblaciones racializadas como plagas: la representación nazi de los judíos como ratas encuentra continuidad en la retórica mediática y gubernamental estadounidense que encuadra a los musulmanes como una "plaga" y, aún en el contexto contemporáneo, en la campaña genocida estadounidense / israelí en Gaza, Cisjordania, el Líbano e Irán.

La intersección entre las figuras del esclavo, del prisionero y del animal en la obra de Machado refuerza la tesis de Frank Wilderson sobre el comercio transatlántico de esclavos como el momento de constitución del mundo — aquel en que el Humano (blanco, masculino, no animal y formado por entidades culturalmente dispares de Europa hasta Oriente) emerge en contraposición al esclavo negro. Para Wilderson, el esclavo negro representa una imposibilidad paradigmática en el Hemisferio Occidental: "el imaginario del Estado y de la sociedad civil es parasitario de la travesía atlántica". En otras palabras: sin esclavo no hay mundo.

Y, además, como argumenta Orlando Patterson, "el esclavo no está en el mundo". Esa nueva categoría ontológica de vida, constituida por la sujeción a una violencia ilimitada, se cruza de maneras complejas y no lineales con la figura del animal — antagonismo contra quien, según observa Wadiwel, se fundamenta en la misma epistemología liberal e ilustrada cuya complicidad con la esclavitud constituye una faceta crucial de la crítica de Machado a la sociedad de su tiempo.

La animalización, por lo tanto, nunca es una metáfora superpuesta a la raza, sino parte de la misma maquinaria ontológica descrita por Wilderson, que intersecciona la animalidad con la esclavitud, el encarcelamiento y, en la extensión aquí propuesta para Palestina, el genocidio.

Al reflexionar sobre la aniquilación estadounidense-israelí de Gaza, encuentro resonancia crítica en la descripción que hace Frantz Fanon de los "términos zoológicos" del colonialismo. Por ejemplo, la declaración del general de división israelí Ghassan Alian sobre la intención de Israel de volver Gaza inhabitable: "los animales humanos deben ser tratados como tales". El ministro de Defensa, Yoav Gallant, reforzó esa idea al afirmar: "estamos luchando contra animales". Thomas Friedman, por su parte, se sumó a ese discurso en una columna en The New York Times, en la que comparó a árabes e iraníes con avispas, orugas y arañas. El entrelazamiento de raza, especie y criminalidad se ve resaltado por la transformación de Gaza — durante mucho tiempo llamada la mayor prisión a cielo abierto del mundo — en lo que Jeremy Scahill denomina una "jaula de matanza en constante retracción".

Identifico además los procesos de "veganwashing", junto al "pinkwashing" y al "queerwashing", como parte de la hasbará (campaña de relaciones públicas) israelí: siguiendo la revisión que Hiroshi Yasui hace de Gayatri Spivak (vía Wadiwel), el discurso israelí de derechos animales reformula la narrativa colonial de rescate, "humanos blancos salvan animales blancos de humanos morenos", como "humanos blancos salvan animales blancos de animales morenos (los llamados terroristas)", sustituyendo el sufrimiento animal por la inocencia animal y contraponiéndola a la culpa palestina.

El anticolonialismo como proyecto antiantropocéntrico no podría ser más evidente, pues el estatuto de no blanco y el estatuto de animal están siempre intrínsecamente ligados. Como observa Syl Ko, "por humano, todo el mundo simplemente quiere decir blanco". Es en ese sentido que "animal" nombra también un lugar de solidaridad potencial, y no de sujeción. El trabajo anticolonial y transespecie en Palestina — ejemplificado por grupos como la Palestinian Animal League, la Animal and Environment Association y la Sulala Animal Society — trata la liberación no humana como intrínseca a la descolonización, rechazando la violenta lógica carcelaria que une la opresión humana y la animal.

Alexandra Aryana Isfahani-Hammond